PROBLEMAS PRESENTES EN EL ENTORNO SOCIAL
Entre los beneficios más notables del desarrollo científico y
tecnológico del siglo XX están los relacionados con la salud.
La producción de fármacos, como los antibióticos (de la penicilina
en adelante), así como de numerosas vacunas, junto con el
diseño y construcción de gran variedad de artefactos y técnicas
de diagnóstico y de intervención quirúrgica, además de aliviar
el sufrimiento de mucha gente, han disminuido considerablemente
la mortalidad, especialmente la de mujeres y niños, a la
vez que han incrementado la expectativa de vida en cantidad
de países.
Una de las consecuencias de estos beneficios ha sido, sin embargo,
el crecimiento de la población mundial como nunca antes se había
visto. Esto plantea serios problemas que tienen una dimensión
planetaria, pero que a la vez presentan modalidades específicas en
las distintas regiones o países.
Veamos ahora con cierto detalle algunos de los grandes problemas
de nuestro entorno social, cuya identificación, comprensión y
solución requiere una amplia investigación, tanto en el campo de
las ciencias naturales como sociales, para obtener el conocimiento
que permita tomar las decisiones adecuadas y realizar las acciones
pertinentes para resolverlos o, por lo menos, para tenerlos bajo
control.
Bienestar y pobreza
Según datos de la Comisión Económica para América Latina, de las
Naciones Unidas (CEPAL), se estima que en Latinoamérica hay 213
millones de pobres, lo que significa que más del 40% de la población
latinoamericana no tiene la posibilidad de satisfacer necesidades
tan básicas como alimentación, salud y vivienda.
La extendida pobreza plantea numerosos problemas, en cuya
comprensión deben participar muy diversas ciencias sociales y disciplinas
humanísticas, como la economía, la antropología, la sociología
y la filosofía; pero dado que básicamente se trata de un
problema de organización social y de distribución de la riqueza, su
solución exige cambios en las políticas de los gobiernos y de los
organismos internacionales para resolver, entre otros, los problemas
de vivienda, de salud, de nutrición, de condiciones sanitarias, de
educación y de seguridad, todo lo cual exige investigaciones en
prácticamente todas las disciplinas. Pero lo más significativo de este
dato es que cuatro de cada diez personas en Latinoamérica viven en
condiciones que están por debajo de los mínimos para asegurar una
existencia con la dignidad que merece cualquier ser humano.
Tomemos, por ejemplo, la nutrición, una de las necesidades más
básicas. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas
para la Agricultura y la Alimentación (FAO), hay más de 800 millones
de personas subnutridas en el mundo, es decir, cuya dieta
diaria está permanentemente por debajo de los mínimos que se
requieren para tener una vida sana y activa. En México, la cifra de
personas subnutridas, de acuerdo con este organismo internacional,
era de 4.6 millones en el periodo 1990-1992, de 5.0 millones entre
1995 y 1997, y de 5.2 millones en los años 2000-2002.
Para enfrentar problemas de semejante naturaleza y magnitud debemos
comenzar por hacer un buen diagnóstico de la situación. De
igual manera que cuando uno se siente enfermo, lo primero que
hay que hacer, antes que proponer un remedio, es diagnosticar cuál
es la enfermedad. Y para hacer un diagnóstico atinado, es decir,
para saber cuál es exactamente la enfermedad, o cuál es el problema
en el caso de la pobreza, es necesario realizar investigaciones
empíricas para conocer a fondo los hechos que conforman el problema
y qué tan extendido está.
Cuando se quieren estudiar problemas como la pobreza, un primer
desafío es el de contar con los conceptos adecuados. Buena
parte de la forma en que se conduce una investigación, y de los
resultados que arroja, depende de los conceptos que usemos.
Los conceptos establecen la manera como entendemos y caracterizamos
un objeto de estudio y, por tanto, la forma como lo abordamos
(lo analizamos, lo observamos, lo medimos, lo manipulamos,
etcétera). En el caso que nos ocupa, encontramos que hay diferentes
maneras de entender la pobreza –esto es, distintos conceptos
de pobreza–, y paralelamente diferentes formas de medir qué tan
extendida está.
Desde un punto de vista puramente económico, por ejemplo, a
veces se piensa en la pobreza sólo en términos del ingreso per cápita
o por familia. Así, según este enfoque, podría calificarse como
pobre a una familia cuyo ingreso diario sea menor, digamos, que
un dólar; como de hecho lo hacen algunos organismos internacionales.
Pero otras veces se enfoca la pobreza midiendo la capacidad
de consumo que tiene la gente. Una tercera manera de entender la
pobreza, y de medirla, se refiere al bienestar, es decir, a la posibilidad
efectiva de que la gente satisfaga ciertas necesidades básicas
(alimentación, salud, educación).
El Premio Nobel de Economía 1998, Amartya Sen, defiende una
manera más amplia de entender la pobreza en términos de las capacidades
de la gente para obtener ciertos logros. Lo más importante
es que las personas tengan la capacidad, por ejemplo, de tomar
decisiones bien informadas y realizar las acciones que les permitan
vivir una vida sana y digna, de acuerdo con sus propios valores.
Así, alguien que tenga más conocimientos será más capaz de
transformar sus ingresos en un nivel superior de logros. De ahí se
concluye que quien tiene mejor educación y, por tanto, mayor posibilidad
de tomar decisiones informadas, será una persona más rica,
no en el sentido de poseer más bienes materiales sino de tener un
horizonte más amplio para satisfacer sus necesidades e intereses.
Uno de los mayores desafíos que enfrentamos en el México actual,
y en general en el mundo, es el de lograr un reparto más justo
de la riqueza, de manera que cada vez haya más gente con la capacidad
de satisfacer sus necesidades básicas y plantearse proyectos
de vida que realmente pueda realizar.
Tenemos entonces que la manera misma de entender un problema
resulta crucial para tomar medidas que sean pertinentes y
eficientes. Y dicha comprensión depende de que tengamos los conceptos
adecuados. Así, uno de los aspectos que debemos cuidar al
tratar de comprender un problema y buscar las vías para resolverlo
es el de contar con los conceptos apropiados, es decir, con una
concepción correcta del objeto de estudio. Muchas veces podremos
echar mano de conceptos que ya existen en nuestro acervo, pero en
otras ocasiones la investigación deberá comenzar por una discusión
y elaboración de los conceptos que se tomarán como base. Lo cual
significa tener las ideas claras.
Salud y epidemias
A finales de la década de 1990, los países europeos enfrentaron
una grave crisis –relacionada con la nutrición, pero con importantes
implicaciones económicas y culturales– a raíz de un padecimiento
que comenzó a propagarse rápidamente entre el ganado vacuno,
al que se conoce como la enfermedad de “las vacas locas”. Después
de investigar ampliamente sobre el problema, se concluyó
que se debía a la forma de procesar alimento para el ganado, lo que
condujo a un mal que se transmitió a los seres humanos, y produjo
una enfermedad mortal.
En tiempos más recientes, a partir de 2003, el mundo entero está
enfrentando una grave enfermedad de las aves, que afecta tanto a
las silvestres como a las de corral: “la gripe aviar”. Se trata de una
enfermedad que se está propagando con gran rapidez, creando serios
problemas de salud y de orden económico. Según la FAO, en
agosto de 2003 un comerciante de aves en Indonesia informó que
7 000 de sus pollos habían muerto prácticamente de la noche a la
mañana.
En unos cuantos meses, la enfermedad se propagó por casi todos
los demás países de Asia. Para noviembre de 2005 se reconocía la
muerte de más de 140 millones de aves de corral y pérdidas económicas
de alrededor de 10 000 millones de dólares.
La Organización Mundial de la Salud ha detectado que, en el
mismo periodo, 126 personas fueron afectadas por la gripe aviar,
de las cuales murieron 64. A partir de julio de 2005 se detectaron
brotes de la enfermedad en Croacia, Kazajstán, Mongolia, Rumania,
Rusia y Turquía, con lo cual se muestra una tendencia de la propagación
desde Asia hacia occidente, siguiendo la ruta de las aves
migratorias. En febrero de 2006 aparecieron los primeros casos en
Grecia e Italia, así como en Nigeria, donde también había sospecha
de personas infectadas. Para esa fecha, el balance de la OMS era
que se conocían 166 casos de personas contagiadas, de las cuales
habían muerto 88.
Con base en las investigaciones pertinentes se ha llegado a saber
que la gripe aviar es causada por un virus llamado H5N1, y que el
núcleo del problema reside en la forma en que circula. La situación
ha planteado una emergencia mundial, ya que si la cepa adquiere la
capacidad de contagiarse entre los seres humanos, se corre el riesgo
de que mueran millones de personas.
Para controlar y, eventualmente, resolver el problema, se necesitan
estrategias para evitar al máximo la propagación de la enfermedad
entre los animales y de éstos a los seres humanos. También
se deben realizar acciones para disminuir la probabilidad de que el
virus mute y adquiera la capacidad de contagiarse entre las personas.
Para todo esto, además del conocimiento que ya se tiene, es
necesario investigar más sobre cuestiones virológicas, epidemiológicas,
tratamiento de aves de corral, migraciones de aves y de seres
humanos, así como producción de vacunas. Pero también habrá
que investigar más sobre los asuntos económicos, sociales y ambientales
involucrados en este problema.
En cuanto al sida, de acuerdo con un informe del año 2002
del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida
(ONUSIDA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), se reporta
que tan sólo en ese año esta enfermedad causó la muerte de más
de tres millones de personas. También se estima que, en el mismo
periodo, cinco millones contrajeron el virus de la inmunodeficiencia
humana (VIH), con lo cual el número de personas en el mundo que
viven con el virus llegó a 42 millones.
En México, según el CONASIDA de la Secretaría de Salud, desde
1983 –año en que oficialmente se reconoce el inicio de la epidemia
en nuestro país–, hasta el 15 de noviembre del 2005, en el Registro
Nacional de Casos de sida se habían consignado 98 933 personas
afectadas (de los cuales 83% son hombres y 17% mujeres). Utilizando
las metodologías de ONUSIDA se estima que en México hay
alrededor de 180 000 personas que viven con VIH.
El sida fue identificado como una nueva enfermedad en la década
de 1980, de manera que apenas estamos en la tercera década de
existencia de esta epidemia. Su aparición planteó uno de los más
grandes desafíos que ha enfrentado la humanidad en cuestiones
de salud: en primer lugar, el de reconocer que se trataba de una
enfermedad no conocida hasta la época, lo cual se logró después
de muchas controversias entre especialistas; luego fueron necesarias
numerosas investigaciones científicas para determinar su causa y
entender las formas en que se transmite y se propaga. Esto era indispensable
para tomar medidas preventivas adecuadas –que incluyen
pautas de higiene, información fidedigna y confiable al público,
así como campañas de educación.
Actualmente se desarrollan investigaciones para producir fármacos
que, por lo pronto, ayuden a paliar los efectos de la enfermedad
y que, eventualmente, permitan encontrar una forma segura de
curarla y sobre todo de producir una vacuna eficaz.
Desastres naturales y prevención del riesgo
El 26 de diciembre de 2004 un enorme tsunami, un maremoto de
gran potencia, sacudió a doce países del océano Índico y destruyó
muchas ciudades y pueblos, dejando un saldo de casi de 200 000
personas muertas y casi un millón sin hogar.
El maremoto –de acuerdo con reportes de la FAO– “desintegró
los medios de subsistencia de cientos de miles de pescadores y de
campesinos, arrasó escuelas y destruyó oficinas. Arrastró buques de
carga tierra adentro, destruyó puertos y desintegró barcos como si
fueran de juguete. La geografía de las costas afectadas se transformó.
En algunas zonas desapareció hasta el 98% de los manglares,
zonas donde se crían peces, cangrejos y camarones. En otras, la Naturaleza
creó nuevos problemas. En Sri Lanka, los cocodrilos invadieron
parcelas agrícolas y pastizales, convirtiéndose en un peligro
para las personas y el ganado”.
13. En la investigación sobre problemas de salud,
como las epidemias, son necesarios conocimientos
teóricos, técnicos y prácticos, en los
que confluyen diversas disciplinas
En México hemos conocido desastres naturales de índole parecida,
como el terremoto del 19 de septiembre de 1985, que destruyó
una parte considerable de los edificios de la Ciudad de México y de
otras ciudades y pueblos del país.
Fenómenos como los tsunamis y los terremotos son efectos naturales
de movimientos de la corteza terrestre y, por tanto, no está
en manos de los seres humanos controlarlos o impedirlos. Pero en
cambio sí es posible conocer, mediante investigaciones científicas,
su naturaleza y sus causas, e incluso es posible predecir –si bien
con muy poca antelación– cuándo inicia un movimiento que puede
generar un tsunami o un terremoto en otras partes del planeta.
Por consiguiente, mediante procedimientos adecuados de investigación
y un conocimiento a fondo de este tipo de fenómenos, es
posible desarrollar tecnologías para su detección y predicción a
corto plazo. Al conocer mejor su naturaleza se pueden tomar medidas
de precaución para evitar males mayores. Entre ellas, establecer
reglamentaciones para la construcción de edificios y para permitir
asentamientos humanos en aquellas zonas que pudieran ser afectadas
por tsunamis o terremotos, tomando en cuenta factores como
la intensidad que pueden llegar a tener esos fenómenos. Desde
luego, también se requiere desarrollar el conocimiento que permita
reconstruir y restaurar las zonas afectadas.
Muchos de los problemas de salud que enfrentamos en la actualidad
–de los cuales apenas hemos mencionado algunos ejemplos
significativos–, así como una amplia variedad de fenómenos naturales,
como los terremotos, plantean la necesidad de tomar medidas
preventivas eficaces y desarrollar investigaciones de largo alcance,
que permitan obtener un conocimiento que sirva de base en la toma
de decisiones sobre las medidas aplicables.
Cuando las autoridades competentes no toman las medidas oportunas,
y tampoco impulsan el trabajo de investigación encaminado
a la prevención de este tipo de fenómenos, entonces es posible
hacer una atribución de responsabilidades; es decir, se les puede
sancionar moralmente, pero también jurídica y políticamente, por
un desempeño ineficiente de su cargo.
Ésta es otra de las razones por las cuales los ciudadanos deben tener
una educación que les permita entender la naturaleza de la investigación
científi ca y tecnológica, y desarrollar la capacidad para informarse
sobre el potencial benéfi co de esta actividad –por ejemplo para el
control de epidemias o para atenuar las consecuencias negativas de los
desastres–. Pero una persona bien educada también debe conocer las
limitaciones y los posibles riesgos de la ciencia y de la tecnología.
Esto es especialmente importante para quienes ocuparán cargos
públicos y tendrán que tomar decisiones sobre las medidas preventivas
o de control que se deban aplicar; pero también es importante
para el ciudadano común y corriente –todos nosotros– para estar en
condiciones de exigir a los funcionarios públicos el cumplimiento
cabal de sus responsabilidades.
Agua y ecosistemas
Según proyecciones hechas por el Consejo Nacional de Población,
en el año 2025 México tendrá más de 124 millones de habitantes.
De acuerdo con la Comisión Nacional del Agua, la disponibilidad
de agua para el año 2025 disminuirá, en promedio, de 4 505 a 3 808
metros cúbicos por habitante por año.
La organización internacional Evaluación de Ecosistemas del Milenio
(MA por sus siglas en inglés: Millenium Ecosystem Assessment),
con apoyo de las Naciones Unidas y de numerosos organismos internacionales
y sociedades científicas, ha emprendido la tarea –como
lo indica su nombre– de evaluar el estado actual de los ecosistemas
en el planeta, con la colaboración de más de mil trescientos humanistas
y científicos sociales y naturales, y ha concluido que entre los
años 1960 y 2000 la demanda en los servicios de los ecosistemas
–como el agua– creció significativamente, al mismo tiempo que la
población mundial se duplicaba hasta alcanzar la cifra de seis mil
millones de personas. Durante los próximos cincuenta años se prevé
un aumento que va del 30% al 85% en la demanda de agua en el
mundo, así como un aumento significativo en la extracción de agua,
sobre todo en los países no desarrollados económicamente.
Más o menos el 60% (15 de 24) de los servicios de los ecosistemas
que han sido evaluados se han degradado en los últimos 50
años. Entre ellos las fuentes de agua potable. Hay un exceso en el
consumo de agua que se calcula entre el 5% y el 25%, y en caso de
que se mantenga esta tendencia no será posible preservar las fuentes
en el futuro. La demanda actual se satisface, en muchos casos,
mediante enormes obras de ingeniería para hacer transferencias a
grandes distancias, o mediante una extracción excesiva del agua del
subsuelo. En el caso del riego, el exceso va del 15 al 35%.
Una tercera parte de la población humana vive en zonas desérticas
donde se encuentra tan sólo el 8% de las fuentes de agua. Los habitantes
de esas zonas enfrentan grandes desafíos debidos a la baja y
variable precipitación pluvial, las altas temperaturas, la escasa materia
orgánica del suelo, los elevados costos de llevar servicios como
la electricidad y el agua entubada, así como la limitada inversión en
infraestructura, debida a la densidad de población. En esas zonas
suele encontrarse el nivel más bajo de bienestar, incluido el más bajo
ingreso per cápita y las más altas tasas de mortalidad infantil.
En suma, el uso y consumo de muchos de los servicios de los
ecosistemas, entre ellos el agua, sobrepasan con mucho un nivel
que pueda sostenerse a la larga, incluso en el caso de que no aumentara
la demanda. Las necesidades humanas de agua no podrán
satisfacerse en un futuro no muy lejano si no cambian los patrones
de consumo, lo cual significa cambiar las actitudes y las costumbres
de la gente. Pero además, se necesitaría diseñar tecnologías
que permitieran continuar con el cultivo de la tierra, la producción
industrial y la vida cotidiana con menos consumo de agua y con
menor contaminación de los manantiales.
Todo lo anterior plantea con urgencia la necesidad de encontrar
formas más razonables de explotación de los ecosistemas en general,
y del uso del agua en particular. A partir de la investigación
sobre los ecosistemas se sabe que los bosques y ríos se pueden
aprovechar de manera que se mantenga el equilibrio ecológico, que
no se degraden los servicios que ofrece el ecosistema, permitiendo
la renovación de recursos como las maderas, los animales y el agua,
con lo cual los servicios estarán disponibles para las presentes y
futuras generaciones. Esto es lo que se considera una explotación
sostenible de un ecosistema. Pero para cada caso particular es necesario
obtener el conocimiento pertinente mediante investigaciones
adecuadas, y después tomar una serie de decisiones de orden
político, económico y cultural, que deben incluir entre otras cosas
intensas campañas de educación.
Energía y cambio climático
El desarrollo de la ciencia y de la tecnología ha permitido una mayor
explotación de los recursos energéticos del planeta, como el
carbón y el petróleo. Pero por otro lado, las industrias y las grandes
ciudades –al construir edificios inteligentes o al equipar cada cocina
doméstica con una gran variedad de aparatos eléctricos– demandan
un volumen cada vez mayor de energía eléctrica; energía que se
obtiene transformando el carbón, el petróleo o la fuerza del agua,
así como por medio de reacciones nucleares controladas.
Por una parte, esto ha elevado el consumo de energía a unos niveles
que no podrán sostenerse, ya no digamos por tiempo indefinido
sino ni siquiera por muchas décadas más. Por otra parte, la forma
en la que ha venido produciéndose esa cantidad de energía ha
generado una contaminación ambiental sin precedentes. Nuestros
ríos, lagos, mares y océanos, así como el aire, la tierra y el subsuelo
presentan niveles de contaminación que constituyen una amenaza
para la salud humana y la vida futura de los ecosistemas.
Pero no sólo eso. Una de las discusiones más candentes de nuestros
días es la relativa al cambio climático: ¿es una consecuencia de
la emisión de gases producidos por los artefactos que construyen
los seres humanos? Si bien en este momento no hay una evidencia
contundente de que eso es así, por lo menos está claro que estamos
asistiendo a un cambio en el clima del planeta. Y ante la muy razonable
hipótesis –apoyada por una considerable cantidad de evidencia–
de que dicho cambio se debe a la emisión de gases producidos
por las industrias, la actitud éticamente correcta –además de la más
sensata como conducta racional para sobrevivir– sería la de tomar
las precauciones correspondientes.
Este tipo de situaciones ha llevado a la formulación del principio
de precaución, que básicamente establece lo siguiente: “cuando
haya una sospecha razonable de que se está produciendo un daño
grave a la sociedad o al ambiente como resultado de realizar determinadas
acciones humanas, y si además se tienen buenas razones
para pensar que se está alcanzando un punto crítico después del
cual no habría remedio, entonces deberán tomarse medidas precautorias
para atenuar, disminuir y, de ser posible, eliminar esa fuente
de daño”, aunque en ese momento la evidencia disponible no nos
permita tener la certeza –como la que se espera de los resultados de
las investigaciones científicas– de que la presunta fuente es efectivamente
la causante del daño. Volveremos sobre este principio más
adelante.
También cabe señalar que el problema de la contaminación sin
precedentes que sufre nuestro planeta, sobre todo la causada por
la emisión de gases de las industrias, ha dado un fuerte impulso
a la investigación sobre fuentes alternativas de energía. Actualmente,
una de las líneas de investigación más prometedoras apunta
hacia algunos insectos microscópicos y microbios genéticamente
equipados para producir enzimas que transforman la basura en
combustible. Así, insectos que antes se veían como meras plagas
destructivas –por ejemplo, las termitas– ahora son considerados
como organismos capaces de convertir los desperdicios vegetales
no comestibles –como el rastrojo– en etanol o “alcohol casero”, el
cual puede ser utilizado como combustible de automóviles.
Violencia y seguridad
La humanidad siempre ha estado expuesta a niveles altos de violencia.
Las agresiones de unos individuos a otros, de unos grupos
a otros y de unos pueblos a otros han estado a la orden del día por
factores que van desde las disputas territoriales hasta las rivalidades
meramente emocionales, pasando por los afanes de dominación.
Para enfrentar esa tendencia, en las ciencias sociales y las humanidades
se han formulado modelos de sociedad que proponen
formas de organización que permitirían que los conflictos se resolvieran
de forma pacífica y racional. El desarrollo de las diversas
normatividades, tanto éticas como jurídicas, se ha debido precisamente
al interés por establecer normas de convivencia armoniosa,
con modos no violentos de resolución de conflictos.
Por su parte, el desarrollo científico y tecnológico –sobre todo en
la forma en que se ha venido dando en los últimos setenta años– ha
reportado incontables beneficios a la humanidad, pero también
ha hecho posible acciones violentas con un alcance planetario. Un
solo acto, como la detonación de una bomba atómica, puede tener
un efecto devastador sobre pueblos enteros y llegar a producir una
contaminación ambiental que afecte a generaciones futuras.
Pero también hay formas más sutiles de violencia. Una de las
grandes novedades en la historia de la humanidad, que constituye
uno de los rasgos de identidad de la sociedad del conocimiento, es
la conformación de “mercados de conocimiento”. Nunca antes del
siglo XX se había intercambiado saber científico por dinero en un
mercado. Por el contrario, una de las señas distintivas de este tipo
de conocimiento era precisamente el estar al alcance de cualquier
persona, ya fuera por medios especializados o por los de amplia
difusión. Lejos de eso, ahora el conocimiento se ha vuelto en gran
medida una mercancía más, que se vende y se compra, y quienes
no tienen los recursos suficientes quedan excluidos de sus beneficios.
Una consecuencia grave es que ahora existen grupos que han
quedado excluidos de la mera posibilidad de generar conocimiento,
en especial el que sería necesario para enfrentar y resolver sus propios
problemas.
Diversidad cultural y migración
La especie humana se ha desarrollado por medio de formas sociales
y culturales muy diversas. A lo largo de la historia, como ocurre en
el mundo contemporáneo, han convivido miles de pueblos, cada
uno con su propia historia, su lengua, sus tradiciones, sus concepciones
del mundo y de la vida, sus valores morales y estéticos, su
noción de la dignidad humana, y un proyecto compartido entre sus
miembros. Los grupos humanos que han desarrollado estos elementos
constituyen diferentes culturas. Una parte de la riqueza del
planeta consiste, precisamente, en esa diversidad cultural.
En países como México la diversidad cultural es muy rica debido
a la presencia de más de sesenta pueblos indígenas, cada uno de
los cuales tiene una historia y una cultura propias, aunque no por
ello dejan de formar parte de la nación mexicana. Sin embargo,
estos pueblos han sido discriminados y marginados social y económicamente
durante siglos, de modo que en la actualidad resultan
las comunidades con los niveles más bajos de bienestar.
En consecuencia, uno de los grandes problemas que enfrentamos
en México, como en casi todos los países latinoamericanos,
es el de lograr una organización social más justa, que incluya a
los pueblos indígenas y permita el florecimiento y desarrollo de
su cultura, así como el ejercicio de sus derechos económicos. Por
ejemplo, su participación en la toma de decisiones sobre cómo y
cuándo explotar los recursos naturales de los territorios en que
viven (petróleo, maderas preciosas, agua, etcétera), y sobre todo su
participación en las decisiones sobre cómo canalizar los beneficios
de dicha explotación, para que realmente puedan beneficiarse de
ella. Al mismo tiempo, la nueva organización social debería permitir
su plena participación en el desarrollo del proyecto de nación que
nos planteemos conjuntamente todos los mexicanos.
Por otra parte, la diversidad cultural en el mundo, junto con el
fenómeno reciente de la globalización, ha generado otro problema
de dimensiones mayores: la migración. Ciertamente la migración,
entendida como el desplazamiento de grupos humanos de una parte
a otra del planeta, no es algo nuevo ni constituye por sí misma
un problema. Las dificultades aparecen por las condiciones en las
que se dan esas migraciones en la sociedad global. La tendencia
general es que gran cantidad de grupos humanos abandonan sus
lugares de origen por falta de oportunidades para trabajar debido
a la organización económica, y por el deterioro de los ecosistemas
en los que viven. Básicamente porque no encuentran los medios
básicos para su subsistencia.
Estos grupos suelen emigrar de los países pobres del sur hacia los
países industrializados del norte, donde por lo general no encuentran
una buena acogida. Con mucha frecuencia entran a esos países
por fuera de los cauces legales, lo cual los sitúa en condiciones de
indefensión que propicia el que sean explotados, realizando los
trabajos más despreciados y difíciles, con una remuneración por
debajo de la que se requiere para tener una vida digna.
Además, en la mayoría de los países receptores no se han desarrollado
las instituciones ni los mecanismos sociales para que puedan
establecerse formas de convivencia armoniosas y respetuosas entre
personas que provienen de culturas diferentes. Esto ha conducido
a serios conflictos como los estallidos sociales en Francia en el año
2005, donde los principales protagonistas fueron descendientes de
inmigrantes, que se encuentran discriminados y marginados, con
muy pocas expectativas de trabajo digno, sin reconocimiento, y con
una posibilidad prácticamente nula de realizar sus planes de vida de
acuerdo con sus costumbres, creencias y valores.
El desafío, entonces, tanto en el caso de México como de los países
donde conviven culturas diferentes, así como de los países que
reciben un número considerable de inmigrantes que provienen de
culturas distintas, es el de realizar transformaciones en sus instituciones,
en los aspectos educativos, jurídicos, económicos, políticos
y culturales, pero sobre todo es necesario promover cambios de
actitud que permitan establecer relaciones sociales respetuosas, e
incluso de cooperación, entre miembros de diferentes culturas.
Para ello se requieren trabajos de investigación humanística y
social de carácter multidisciplinario, a fin de diagnosticar y conocer
a fondo la situación de los grupos migrantes en los distintos países
que los acogen, así como de los pueblos indígenas en casos como
el de México, para después elaborar modelos que permitan tomar
las medidas que conduzcan a una sociedad más incluyente, en la
que convivan diferentes culturas con mutuo respeto y desarrollando
a la vez proyectos conjuntos.
LOS JÓVENES Y LA INVESTIGACIÓN
Hemos revisado tan sólo algunos de los grandes problemas que
enfrenta la humanidad, sin dejar de reconocer que cada país,
por su parte, tiene problemas propios: tipos específicos de enfermedades,
o de riesgo frente a ciertos desastres naturales, así como
una composición social determinada que les plantea conflictos muy
peculiares.
Muchos de estos problemas tienen un origen natural, pero muchos
otros han sido generados, directa o indirectamente, deliberada
o involuntariamente, por la acción humana. Como señalamos, incluso
el desarrollo científico-tecnológico ha tenido algunas consecuencias
negativas, no buscadas ni deseadas, que se han agravado
por la falta de una respuesta adecuada de la sociedad frente a dicho
desarrollo y sus posibles efectos.
La posibilidad de solucionar la amplia gama de problemas que
nos aquejan depende, en buena medida, de la capacidad que tenga
la humanidad, y en su caso cada país, para generar el conocimiento
que permita identificar y entender mejor los problemas, hacer diagnósticos
adecuados y plantear soluciones viables y realistas. Todo
lo cual exige más y mejor trabajo de investigación y la generación
de nuevo conocimiento.
Por eso es indispensable que en nuestro país se desarrolle al
máximo posible la capacidad de realizar investigación científica y
tecnológica, lo cual requiere de una fuerte inversión en los sistemas
de investigación, pero sobre todo exige ofrecer a los jóvenes la preparación
adecuada para que tengan la capacidad de incorporarse a
estos sistemas. Que sepan cómo promoverlos y cómo aprovechar
sus resultados. Pero igualmente importante es que tengan claridad
sobre la enorme responsabilidad que les corresponde, como ciudadanos,
de participar en las tareas para entender, controlar y solucionar
esos problemas.
Por esta razón, todos debemos comprender qué es el conocimiento,
en particular el científico y el tecnológico; cómo se genera
y aplica, cuáles son sus virtudes y las maneras en que la sociedad
puede y debe beneficiarse de su desarrollo. Pero también es importante
saber que la investigación científica y tecnológica tiene
límites, por ejemplo, en cuanto a las condiciones en que se realiza,
y que en ocasiones la aplicación de sus resultados genera riesgos
que es preciso vigilar y controlar.
También es preciso entender que si bien el conocimiento científico
y tecnológico, junto con sus aplicaciones, tienen un enorme
potencial para la solución de problemas sociales y para enriquecer
la vida de todos los seres humanos, existen otras formas de conocimiento,
como los saberes tradicionales de muchos pueblos, que
se han aplicado a lo largo de cientos de años, y han mostrado su
eficacia para aprovechar y cuidar el ambiente, para resolver cierto
tipo de problemas, así como para enriquecer la vida material y espiritual
de mucha gente.
Podemos concluir, entonces, que en esta época es indispensable,
por una parte, reconocer la existencia y la importancia de los saberes
no científicos, apreciar su valor y entender por qué conviene
cuidarlos e incluso fomentarlos. Y por otra parte, resulta imprescindible
entender la naturaleza de la ciencia y la tecnología, comprender
cómo producen su conocimiento, cómo se controla su calidad,
por qué podemos confiar en sus resultados y, sobre todo, cómo
pueden encauzarse para beneficio de los seres humanos, para enriquecer
sus vidas, para resolver sus problemas personales, sociales
y ambientales y, por tanto, por qué debemos apoyar su desarrollo.
Pero también es necesario saber cómo evaluarlas para reconocer
sus resultados positivos y, en su caso, cuidarnos de sus posibles
consecuencias negativas.
La mejor manera para lograr esto es la de involucrarse en un proyecto
propio de investigación que tenga las características centrales
de una investigación científica. Esta experiencia personal, junto con
el análisis de la estructura y la dinámica del conocimiento, es lo que
desarrollaremos a lo largo del curso.
Actividad
Busca en enciclopedias o en Internet
información sobre fuentes alternativas
de energía. En particular, busca información
sobre la investigación que en
este tema se está haciendo en nuestro
país.
Busca información sobre el terremoto
de 1985 en México. ¿Qué tipo de daños
hubo? ¿Qué medidas hubieran podido
disminuirlos?
Busca información acerca de las condiciones
de vida de los mexicanos que
ingresan en Estados Unidos de América
fuera de las vías legales.
Escribe un breve texto en el que respondas
a las siguientes preguntas: ¿Por
qué se ven obligados a emigrar en esas
condiciones? ¿Qué tipo de problemas
se plantean en Estados Unidos por la
convivencia de grupos de culturas diferentes?
¿Cómo podría disminuirse el
flujo de emigrantes mexicanos
Recapitulación
Responde por escrito las siguientes preguntas. Si lo consideras
necesario, relee el texto.
• ¿Cómo pueden contribuir la ciencia y la tecnología para
comprender y proponer soluciones a los problemas
sociales y ambientales?
• ¿Consideras posible que un país resuelva sus problemas
sociales sin impulsar fuertemente su sistema de investigación
en ciencia y tecnología? ¿Por qué?
• ¿Sobre cuál de los problemas que se han discutido en
este tema te gustaría profundizar, y por qué?
• ¿Qué importancia tienen los conceptos en el proceso de
investigación?
Intercambia tu resumen con tus compañeros y comenta con
ellos; si lo consideras necesario, rectifi ca tus respuestas.